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martes, 8 de octubre de 2013

PERSONAS FELICES VS PERSONAS INFELICES


¿Cuál es la diferencia entre las personas felices y las personas infelices?

1. AMOR vs MIEDO
Las personas que felices tienen menos miedo y más amor. Ellos ven cada momento, cada reto, cada persona, como una oportunidad para descubrir más sobre sí mismos y el mundo que les rodea.

2. ACEPTACIÓN vs RESISTENCIA
Las personas felices entienden que no se puede cambiar una situación por resistirse a ella, pero sí mediante su aceptación y por la comprensión de que podría haber una razón para su existencia.

3. PERDÓN vs FALTA DE PERDÓN
La gente muy feliz sabe que no es saludable aferrarse a la ira. Eligen perdonar y olvidar, comprenden que el perdón es un regalo que se dan a sí mismos en primer lugar.

4. VERDAD vs DUDA
Ellos confían en sí mismos y en la gente que les rodea. No importa si hablan con la señora de la limpieza o con el presidente de una empresa, de alguna manera siempre dejan la sensación que la persona con quien interactúa es alguien único y especial para ellos.

5. SIGNIFICADO vs AMBICIÓN
Ellos hacen lo que hacen por el significado que aporta a sus vidas y porque obtienen un sentido de propósito al hacerlo. Entienden que "Hacer lo que te gusta es la piedra angular para tener abundancia en tu vida".

6. ELOGIO vs CRÍTICA
Ellos no critican la ausencia de la conducta que quieren reforzar, sino más bien, cada vez que el comportamiento está presente, saben alabar a la persona y la conducta, y así refuerzan el comportamiento positivo.

7. DESAFÍOS vs PROBLEMAS
Las personas felices ven los problemas como retos para explorar nuevas formas de hacer las cosas, expresando su gratitud, y entendiendo que son oportunidades que les permiten crecer.

8. DESINTERÉS vs EGOÍSMO
Ellos hacen lo que hacen no por sí mismos, sino para el bien de los demás, asegurándose de dar sentido, empoderamiento y felicidad en la vida de muchos. Buscan maneras de compartir lo mejor de ellos con el mundo.

9. ABUNDANCIA vs POBREZA
Tienen una mentalidad abundante y viven una vida equilibrada, logrando abundancia en todas las áreas de la vida.

10. SOÑAR EN GRANDE vs SER REALISTA
Estas personas realmente no se preocupan acerca de ser realistas. Ellos aman y se atreven a soñar en grande, siempre escuchan a su corazón e intuición y la grandeza de sus logros asusta a muchos.

11. BONDAD vs CRUELDAD
Ellos son amables con ellos mismos y con los demás y entienden el poder del amor a sí mismo, del perdón a sí mismo y de la aceptación de sí mismo.

12. GRATITUD vs INGRATITUD
No importa donde miren, no importa dónde se encuentren o con quién, ellos tienen la capacidad de ver belleza donde la mayoría de nosotros sólo ve fealdad. Oportunidades, donde la mayoría de nosotros sólo ve luchas. Abundancia, donde la mayoría de nosotros sólo ve carencia. Y expresan su gratitud por todo ello.

13. PRESENCIA/COMPROMISO vs RETIRADA
Ellos saben cómo vivir en el momento presente, apreciando lo que tienen y dónde se encuentran, sin dejar de tener grandes sueños sobre el futuro.

14. POSITIVIDAD vs NEGATIVIDAD
No importa lo que pase, ellos siempre parecen mantener una perspectiva positiva en todo y por ello tienden a irritar mucho a la gente negativa y "realista".

15. ASUMIR LA RESPONSABILIDAD vs CULPAR
Toman la plena posesión de sus vidas y raramente usan excusas. Las personas felices entienden que en el momento que elijas culpar a una fuerza externa por lo que te está sucediendo, de hecho, entregas todo tu poder. Ellos optan por mantener su poder y asumen la responsabilidad de todo lo que les sucede.


LA CULPA



LA CULPA, ESE SENTIMIENTO QUE NOS PUEDE CONDUCIR A CUALQUIER PARTE…
COMER CON CULPA, NO GOZAR POR CULPA, SENTIRNOS CULPABLES HASTA DE ESTAR SANO FRENTE A UNA PERSONA ENFERMA ¿POR QUÉ ES TAN FUERTE? ¿CÓMO PUEDO CAPITALIZAR LA CULPA?, UNA NOTA PARA LEER LIBREMENTE… “SIN CULPA”

En nuestra vida experimentamos multitud de situaciones que nos despiertan sentimientos y emociones. Unos son de alegría y regocijo, y estimulan la risa e incluso el llanto de emoción. Otros son de tristeza y dolor, y nos llevan al silencio y al desconsuelo. Esto último sucede con el sentimiento de culpa. Cuando aparece, si no se sabe manejar correctamente, puede conducirnos al bloqueo y al encierro en nosotros mismos. Ser consciente de ello nos ayudará a superarlo y a encauzar el juicio sobre nuestra persona sin convertir la culpa en castigo.

¿Por qué la culpa es tan fuerte?

La culpa está conectada con el instinto de muerte y con la autodestrucción. Mal asumida, arrastra a la persona a la pasividad, dejándola en una situación de indefensión y a merced de que alguien o algo externo le libere de ella. Esa persona, ideología o creencia alcanza tal poder que impedirá ejercer la propia responsabilidad.

El sentimiento de culpa nos influye tanto porque tenemos miedo a ser abandonados y nos dificulta el responsabilizarnos de nuestra propia vida. Se teme al abandono pues la necesidad de ser amados y aceptados es una aspiración innata en todos nosotros, y cuando la culpa se interioriza contra nosotros mismos, dejamos de creer en nuestra valía personal y nos juzgamos no merecedores del amor. Como consecuencia, intentamos ser como creemos que las otras personas quieren que seamos, y así evitar que nos abandonen. Pero sucede que nuestra verdadera forma de ser termina manifestándose, y el miedo al abandono se incrementa.


Surge entonces la agresividad hacia uno mismo a través del autorreproche y la crítica constante, con el propósito de redimirse y ser capaz de ser dueño de la propia vida. Pero sólo se consigue interiorizar cada vez más la des valoración personal, y la redención nunca llega, pues buscamos que alguien nos libere. Y no es posible, ya que es la culpa la que nos impide ser libres, no los otros.

¿Cómo sabemos que la culpa nos amenaza?

Señales físicas (presión en el pecho, dolor de estómago, de cabeza, de espalda), señales emocionales (nerviosismo, desasosiego, agresividad, irascibilidad) y señales mentales (pensamientos de autoacusaciones y auto reproches) nos alertan de que la culpa está siendo mal administrada. Es más probable que sea así cuando mantenemos un sistema de pensamiento polarizado (pensamos que las cosas son blancas o negras, buenas o malas, y no admitimos el término medio); negativo (tan sólo tenemos en cuenta los detalles negativos y además los magnificamos, sin atender a los aspectos positivos); rígido (nos basamos en un sistema de normas estricto donde el deber prevalece en todas nuestras acciones), sobredimensionado (abandonamos la responsabilidad de nuestra vida y pasamos a responsabilizarnos de las vidas de los demás y de cuanto ocurre a nuestro alrededor) o perfeccionista (el nivel de exigencia lo colocamos en la perfección y ésta en todos los actos que llevemos a cabo).

Como todo sentimiento, la culpa está precedida y es consecuencia de la escala de valores con que nos regimos en la vida. Si se produce un desencuentro entre nuestro ideal de cómo ha de ser nuestro comportamiento y la realidad vivida, causará dolorosos conflictos personales que desembocarán en la generación de alguna de las tres maneras de reaccionar ante los acontecimientos:

• Reacciones intrapunitivas: nos sentimos culpables exclusivos de todo lo ocurrido.
• Reacciones extrapunitivas: culpabilizamos de todo, inclusive de nuestros males, a los demás, como forma de des responsabilizarnos ante lo sucedido.
• Reacciones impunitivas: pensamos que nadie tiene la culpa de nada, que son las circunstancias sin más. Esta forma de razonar puede tener de bueno el conseguir descargar el agobio y no hacer más penosa la situación, pero como contrapartida, y habrá que estar alerta, se puede caer en la simplificación y la irresponsabilidad.

Culpa sí, pero no castigo

Cuanta mayor concordancia exista entre nuestro pensar y actuar, y cuanto más lejos se mantenga nuestro razonamiento de absolutos, rigideces y perfeccionismos, menos veces se nos generará el sentimiento de culpa. Pero sin duda, cuando somos incoherentes, el sentimiento de culpa aparece. En ese momento, en la medida en que aparquemos la descalificación y el castigo, nos liberaremos de la paralización y mantendremos la suficiente fluidez interna que nos llevará a abordar nuestras faltas de coherencia como problemas a resolver y no como losas autodestructivas.

Ahora bien, incluso practicando lo anterior no estamos exentos de que se nos encienda esa señal de la culpa con capacidad de ser dolosa. El problema no radica en sentirla, sino en cómo afrontamos su presencia.

Cuando se presenta la culpa, el reto es convertir ese sentimiento en:

• Una señal, que sirve para cuestionarnos cómo hacemos lo que estamos haciendo. A veces es bueno que nos encontremos en entredicho: las revisiones personales posibilitan nuestro enriquecimiento.
• Un momento de reflexión y análisis de por qué nos surge, sin entrar a desvalorizarnos ni a hundirnos en el desasosiego y el sufrimiento.
• Un diálogo interior que nos lleve a designar y concretar cuál es la conducta por la que sentimos la culpa.
• La búsqueda de soluciones, o en su defecto alternativas a cómo reparar el daño causado.
• La petición de perdón a las personas afectadas por nuestra conducta.

Si el sentimiento de culpa nos afecta de tal forma que nos conduce a una situación emocional que nos impide un análisis claro, conviene acudir a un profesional para que pueda ayudarnos a encontrar las soluciones adecuadas.

Sacar lo positivo de la culpa

Si ante la culpa no ejercemos nuestra responsabilidad y nos sumimos en la paralización del miedo, caeremos en la descalificación personal (somos malos, egoístas....) y en el autocastigo (agresividad que provoca sufrimiento). Pero también podemos ver en su manifestación una función saludable, pues nos hace conscientes del conflicto y, a partir de ahí, seremos capaces de analizar las soluciones y dar los pasos oportunos que restablezcan nuestro vivir coherente.



Podremos descubrir que la trasgresión de la norma que provoca la culpa se produce porque:

• Nos guiamos por un sistema de pensamiento polarizado, rígido, negativo, sobredimensionado o perfeccionista.
• Existen unas circunstancias especiales, en la que hay que tener en cuenta nuestras necesidades del momento,
• Pretendiéndolo o no, nuestra actuación no se adecua a nuestros valores.


Si se trata de los dos primeros casos, comprobamos que el código no es inamovible y por tanto podemos flexibilizar, contextualizar y dar más precisión y puntualización a la norma transgredida. No se trata de destruir la norma, sino de enriquecerla despojándola de su rigidez. Si la culpa se presenta por haber sido incoherentes con nuestro sistema de valores, habremos de responsabilizarnos de las consecuencias, hacernos cargo de lo que éstas supongan y pedir perdón a quien haya resultado dañado por nuestro comportamiento.

sábado, 28 de septiembre de 2013

LO QUE MÁS TEMES SE MANIFIESTA



Como las cosas que más amamos y las que más tememos tienden a ocupar nuestros pensamientos, gran parte del tiempo atraemos justamente esas cosas. ¿Alguna vez has echado a perder completamente una nueva camisa la primera vez que te la pusiste? Y justo cuando pensabas... - No quiero ensuciar esta camisa nueva tan bonita - tu bolígrafo  empezaba a chorrear tinta dentro del bolsillo superior.... ¿Cuántas veces alguien dice? "En los siete años que tuve el Mustang no le hice ni un rasguño. Y en cuanto me entregaron mi automóvil nuevo, me empezaron a chocar" Lo que más temes  es lo que atraerás a tu vida.

Me contaba un amigo que cierta dama sufrió cinco accidentes en siete años. Al final, se dio cuenta de que había albergado temores a tal extremo, que atrajo lo que deseaba evitar.

Incluso si pensamos:
"No quiero que pase equis cosa" gravitaremos justamente hacia eso. Nuestra mente no puede desplazarse en sentido negativo con respecto a las cosas; no puede más que moverse hacia ellas. Ello explica por qué en tu niñez, cuando entrabas a escondidas a la cocina, tomabas un montón de galletitas y salías con todo sigilo...!Te descubrían!  De pronto aparecía tu padre de la nada.  Tu pensamiento dominante era " voy a agarrar unas galletas y espero que no me descubran, porque me iría muy mal”! y te atrapaban! Puede haberte sucedido que al salir con tu nueva pareja pensaras " Que pena si de pronto apareciera mi ex novia" No hace falta decir lo que pasó.

¿Alguna vez se te ha ocurrido pensar, en vísperas de un evento especial o de una fiesta: “Espero no enfermarme porque esto no me lo quiero perder"? Y al final resultó que te enfermaste y te lo perdiste. ¿No es cierto? Es fascinante como opera la energía de tu mente.
Recientemente en una revista se publicó un artículo acerca de un habitante de Nueva York, de nombre Pete Torres, quien había sufrido quince asaltos  en dos años.  Sobra decir que no se trata de un récord envidiable.... Aunque Pete afirma que él no hace nada para propiciar esos ataques, de hecho contribuye a atraer sus desgracias. Su pasión son las películas de horror. Todo su tiempo  libre lo dedica a saturarse de apuñalamientos, asaltos y robos. Impregna su mente de historias de terror – evidentemente le gusta asustarse –  y después se pregunta por qué la vida  en las calles de Nueva York es una interminable  historia de horror.

Este mismo principio se manifiesta en la pobreza y la mala salud. Si no paramos de comentar, pensar y leer acera de "cosas malas", gravitaremos subconscientemente  o aun conscientemente – hacia ellas. La gente exitosa se desplaza hacia el éxito, hablando y pensando de éxito. Los fracasados tratan de escapar del fracaso hablando y pensando en fracasos. El más importante principio mental que puede transformar a los perdedores en triunfadores es "concentrarse en lo que uno quiere" y dejar de pensar en lo que uno “no quiere”. Sería absurdo ir a la tienda de la esquina y decir al dependiente " No quiero leche, no quiero mantequilla y no quiero queso" y suponer que regresaremos a casa con la misión cumplida. Bueno pues así vivimos centrando nuestra atención (y poder) en lo que NO queremos. El Universo no escucha la palabra “NO”, así es que cuando piense no quiero un coche viejo; quítele el No al mensaje que usted emite y entonces queda centrado y focalizado en el coche viejo.

Sin embargo la mayoría de la gente se tambalea por la vida, quejándose de lo que carece y hablando de lo que quiere evitar. Pareciera en ocasiones concurso de a quién le han pasado las peores cosas, ó si le cuentan a usted una desgracia, de inmediato lo relaciona a fulanito que le sucedió algo peor. Ese es un callejón sin salida. Tenemos que concentrarnos en lo que queremos Al abordar en este tema descubrimos el principio llamado "miedo a las perdidas". Cuando tememos perder algo, nos colocamos en posición de perderlo. Esto se aplica a esposos, novias, carteras, raquetas, tenis y auto estéreos. De cuando en cuando nos enteramos en los diarios de personas que frecuentemente sufren  asaltos en sus domicilios. A pesar de cerrojos, sistemas de alarma, cadenas y perros sus casas  parecen estar abiertas de par en par para los ladrones.

Estas leyes obran con el mismo poder en nuestras relaciones amorosas. Cuando tememos perder el amor de alguien, de inmediato nos ponemos en peligro de perderlo. Sin duda, aquí la moraleja es: Concéntrate en lo que tienes y disfrútalo.
No pienses en perder lo que posees." Enfoca tu atención en lo que deseas. Si dejas que tus temores te obsesionen, estos te abrumarán. En realidad, el principio de atraer lo que se teme es hermoso.  Implica el reto de enfrentar nuestros miedos y  mediante ello, superarnos.

¿Cómo podremos evolucionar si las cosas que tememos se alejan de nosotros?
¿Cómo desarrollarnos si nunca enfrentamos lo que nos atemoriza?

En cuanto el temor de perder algo, las leyes universales nos instan a mantenernos firmes. Si pensamos que cierta pérdida nos arruina la vida, y nos obsesionamos con esa idea, ¡quizá las leyes universales nos demuestren que podemos vivir perfectamente sin aquello que tanto tememos perder! Si consideras que la vida no tiene sentido sin tu automóvil último modelo, probablemente tendrás que experimentar lo que se siente vivir sin él.  Si tu actitud es: "Disfruto mi auto, pero puedo ser igualmente feliz sin él" es de esperarse que lo conservarás todo el tiempo que deseas.  Las circunstancias nos ayudan a aprender y a fortalecernos. Debemos disfrutar lo que tenemos y vivir el presente. Temer pérdidas no es vivir en el presente. Tener pérdidas es vivir en el futuro.

LOS TEMORES DESAPARECEN AL ENFRENTARLOS

Otro principio fascinante es que cuando finalmente desarrollamos el valor necesario para enfrentar  un problema, con frecuencia, éste desaparece. En cuanto hacemos acopio de valor para realizar una difícil llamada telefónica, suele suceder que, de pronto, desaparece la necesidad de hacerla.

Sufrimos semanas enteras pensando que tenemos que despedir a la secretaria, y cuando finalmente se lo comunicamos, ¡Resulta que ella estaba ansiosa por irse! Naturalmente, las cosas no siempre se presentan de esta manera, y en ocasiones es necesario enfrentar  la situación con todas sus consecuencias. Seguramente, alguna vez te has visto en la necesidad de hacer algo que te pareciera difícil o particularmente bochornoso. Sin embargo, al momento de llevarlo a cabo advertiste que no era ni la mitad de terrible que habías pensado.

Ahora ya sabes concéntrate en lo que si deseas.

PARA ATRAER PAZ A TU VIDA


Método 1 para atraer paz a tu vida:

No critiques.
Seguramente en alguna ocasión de tu vida has criticado a alguien por su forma de hablar, de relacionarse con las demás personas, por su forma de ver la vida, por su negatividad, por su positividad. Sea cual sea el motivo, una crítica es negativa, y eso no te permitirá atraer paz a tu vida. A partir de hoy… trata de no caer en la crítica, ni escucharlas.

Y recuerda…
Debes estar tan concentrado en tu propio progreso que no tendrás tiempo para criticar.

Método 2 para atraer paz a tu vida:
No protestes.
¿Cuántas veces una situación externa te ha hecho protestar? ¿Cuántas veces has creído que algo de lo que te sucede no es justo? Sean cuales sean las razones, realizar una protesta no conducirá a la paz, y tampoco a la solución de un problema. Es preferible estar en calma y actuar con seguridad, antes de protestar de forma impulsiva.

Método 3 para atraer paz a tu vida:
Siembra amor.
El amor es parte de la paz, de la armonía, de la tranquilidad. A cada actividad que realices, entrégale esa chispa especial de amor. Busca formas, caminos, personas para llegar con amor. Tú tienes la posibilidad de ayudar a muchas personas, a muchos animales, a muchas causas. No tengas miedo y actúa, el temor es todo lo contrario al amor. Puedes hacer la diferencia, comienza a moverte con amor. Una felicidad y una paz inmensa recorrerán tu cuerpo con simples acciones positivas de la vida cotidiana.


“La paz comienza con una sonrisa.”

jueves, 14 de marzo de 2013

Tus celulas escuchan lo que dices

 
 
 
Recuerda que cada sistema de tu organismo es a su vez parte de un sistema mayor… Por lo mismo cada célula en tu cuerpo, independientemente de que tipo sea, se entera de lo que ocurre con las demás.

Es por esto que tus pensamientos y emociones son escuchados y percibidos por cada una de estas células… Más aun las células de tu Sistema Inmunológico están en constante atención de las imágenes, ideas, sensaciones y emociones que experimentas…

Si tus pensamientos te llevan a experimentar temor, angustia, inseguridad… vibran en una frecuencia que inevitablemente perciben tus células inmunológicas… y ¿cual crees que es el resultado que vibren en dicha frecuencia?

Lo que ocurre es que la increíble Farmacia Interna que existe en tu cuerpo no puede procesar y administrar de manera correcta el “Antibiótico… Analgésico” o la sustancia necesaria para combatir esa enfermedad…

Realmente nuestras células están constantemente escuchando nuestros pensamientos y percibiendo nuestros sentimientos.

No permitas que esos pensamientos y emociones interfieran con tu curación… En nuestro organismo esta la cura para cualquier enfermedad…

Este conocimiento nos permite pasar a otra etapa de la Medicina, conocida como PsicoNeuroInmunologia (PNI) que estudia la interacción entre los procesos psíquicos, el Sistema Nervioso, el Sistema Inmunológico y el Sistema Endocrino del cuerpo humano.